De qué hablamos cuando hablamos de “Brecha Digital”

De qué hablamos cuando hablamos de “Brecha Digital”

De qué hablamos cuando hablamos de “brecha digital”

Por Tatiana Encina*

¿Donde hay una necesidad, nace un derecho?

Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión, éste comprende la libertad de buscar, de recibir y de difundir informaciones e ideas de toda índole (…) Declaración Universal de Derechos Humanos de 1984.

En la actualidad hay desigualdades que se ven atravesadas y profundizadas por las diferencias en el acceso a las TICs y a internet (Tecnologías digitales de la información y la comunicación). Si no todes pueden acceder a fuentes de información y espacios de intercambio en igualdad de condiciones, difícilmente podrán todes ejercer su derecho a buscar, recibir y difundir informaciones e ideas. Y si todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, estas desigualdades son explicadas por la realidad social que habitamos y exigen de una intervención activa para superarlas.

 

Ciudadanía y brecha digital

Si pensamos el mundo digital como un espacio donde se construye, forma, reproduce y amplía la ciudadanía, un acceso desigual a internet y las TICs lleva inevitablemente a ciudadanías desiguales. Hoy usamos las TICs e internet para muchísimas tareas, y entre todo lo que hacemos, nos formamos como ciudadanos de una sociedad y ejercemos nuestros derechos como tales, o al menos así debería ser para todes. 

Nos encontramos entonces en un escenario de múltiples desigualdades, donde se evidencia la llamada “brecha digital” en el acceso a internet y el uso de las tecnologías. Este concepto aborda el acceso de una manera integral, entendiendo que este no se reduce a la posibilidad de estar en línea, sino también a la calidad de ese habitar en la red, a la disponibilidad de herramientas y formación que nos permitan llevar adelante un uso responsable y consciente de las herramientas tecnológicas. La brecha digital deja de ser una cuestión generacional, para pasar a ser un fenómeno que interactúa con otros factores de exclusión social como los recursos económicos, condiciones laborales, desigualdad de género… y podríamos seguir. Ese acceso a internet y las TICs que no se reduce a la posibilidad de usar, sino que incluye la calidad de ese uso, es uno de los puntos de partida de la llamada alfabetización digital. Este concepto apunta a desarrollar las capacidades de las personas para utilizar recursos digitales y así poder, entre otras cosas: navegar en internet de manera segura, buscar información de fuentes confiables, detectar los sesgos forzados por las burbujas de filtro o entender cómo viajan nuestros datos por la red y a quién se los estamos otorgando

Más conectividad, más derechos

Seguramente habrás escuchado sobre el DNU que declara a internet como un servicio público, algo que generó un poco de polémica en su momento. Es que a veces cuesta pensar en internet como una necesidad básica a la par de, por ejemplo, el acceso a la red de agua potable, ¿no?  si tenemos en cuenta el escenario que generó la pandemia, donde “salieron a la luz” las problemáticas que trae no contar con un buen servicio de internet o con las capacidades y conocimientos necesarios para asistir a clases virtuales, realizar trámites a distancia o empadronarse para la vacuna.La cuarentena no hizo más que acelerar procesos de digitalización y trabajo remoto que ya venían gestándose, y no podemos permitirnos dejar por fuera de este proceso a una gran parte de la ciudadanía. Disponer de un servicio de calidad para conectarse a la red y de las capacidades y recursos básicos para aprovechar las herramientas digitales constituye hoy un pilar fundamental para el ejercicio de una ciudadanía plena. Hay una gran parte de la población que no dispone de las oportunidades y herramientas para aprovechar estas transformaciones tecnológicas y eso influye directamente en su calidad de vida. Deberíamos des-acostumbrarnos a esta desigualdad y exigir que se problematice y trabaje en pos de reducir la brecha digital. Nadie debería ver vulnerado su derecho a la educación por falta de acceso a internet, ni verse excluíde de oportunidades laborales por no acceder a los portales de empleo, ni permanecer en la informalidad por no poder ingresar en el comercio electrónico. 

Desde FENA a través del programa Ahora Nosotras (Ñande Kuera Haitema) y con el apoyo de Ibercultura VIVA, se llevó adelante el proyecto de “Alfabetización e Inclusión Digital”, en el Barrio Mugica (Villa 31 BIS), que consistió en la adquisición de tablets, un módem inalámbrico con 1 año de internet, y un conjunto de talleres sobre el uso de herramientas digitales implementado durante 6 meses.

Así muchas mujeres recibieron la capacitación y a pesar del contexto, lograron continuar con sus actividades y acceder a las tecnologías. Desde FENA se pudieron continuar los talleres y ahora están en el proceso de la realización de un documental. Para acompañarnos en esta iniciativa, sumate haciendo click acá

*Tatiana es Desarrolladora de Software y Trabajadora social. Trabaja como agente de fortalecimiento en TICs, y es la Co-coordinadora de Investicación y Desarrollo Tecnológico de FENA

#violenciasimbolica #violenciadegénero #Ñande #Ahoranosotrxs #Ahoranosotras #Villa31 #Villa31BIS #CABA #GCBA #SomosFena #FENA #PadreMugica #Migracion #alfabetizaciondigital #inclusiondigital #brechadigital

Premiación por Video Documental “Ñande”

Premiación por Video Documental “Ñande”

FENA RECIBE UN PREMIO POR EL VIDEO DOCUMENTAL “ÑANDE”

El colectivo de Mujeres Ñande Kuera Haitema del programa de talleres de FENA, realizó un video documental en co-creación y de forma virtual con el equipo audiovisual de FENA durante los meses de confinamiento. La producción resultó ganadora del concurso “Prácticas comunitarias: solidaridad y cuidados colectivos” y recibió un premio en efectivo otorgado por el Programa de Cooperación Cultural e Internacional IberCultura Viva. A continuación te contamos más sobre la experiencia de creación colectiva y los motivos que impulsaron a la realización de la pieza audiovisual.

Ninguna se salva sola. Aislarnos no fue sólo quedarnos en casa. Aislarnos fue tener que retirarnos de los espacios comunes y sociales. Fue perder los canales de comunicación e intercambio, sentir las redes más frágiles que nunca. Aislarnos fue darnos cuenta que nos necesitamos y decidirnos a reconstruir los vínculos para poder sosternernos.

Ñande Kuera Haitema, se lanzó a hacer su primer contenido audiovisual digital. El video documental busca narrar en primera persona cómo es pasar la pandemia dentro del Barrio Padre Mugica (ex-villa 31) y mostrar las prácticas comunitarias, la solidaridad y el cuidado colectivo llevado adelante por las mujeres de Ñande Kuera Haitema junto al resto del equipo de FENA.

 El video documental “Ñande” muestra como un grupo de mujeres llevan a cabo nuevas estrategias que reivindican los espacios de organización social, dando la contención y acompañamiento, aun cuando la salud y la posibilidad de una comunicación fluida se ven completamente vulneradas.

“Ñande” intenta visibilizar mediante una realización producida íntegramente desde la participación horizontal, que en tiempos de adversidad y cuando las necesidades básicas son quebrantadas, nos sostienen las redes autogestionadas.

Miralo.

#violenciasimbolica #violenciadegénero #Ñande #Ahoranosotrxs #Ahoranosotras #Villa31 #Villa31BIS #CABA #GCBA #SomosFena #FENA #PadreMugica #Migracion

Hits que duelen

Hits que duelen

Hits que duelen

En el marco del 8M, en FENA lanzamos junto con Isobar “Hits que duelen”, una campaña que pone en evidencia la violencia machista en la música y el foco sobre las voces que escuchamos y amplificamos.

“La violencia machista se filtra en la música y no es casualidad. Un hit no es un golpe de suerte, como pareciera que sucede, se construye. Hay muchas decisiones detrás de crear y reproducir ciertos mensajes. Las canciones son expresiones culturales que construyen sentidos e impactan en nuestros procesos emocionales y subjetivos, en los roles que cumplimos y en las formas de vincularnos.” explica Alejandra Rovira Ruiz, nuestra Directora Ejecutiva.

Al relacionar las letras de canciones con casos de violencia machista, la campaña demuestra cómo las composiciones comparten mucho con la realidad de la violencia de género. 

“Hay canciones que cantamos sin pensar en lo que dicen y en la violencia de sus palabras. Este tipo de mensajes que forman parte de nuestra cultura no hacen más que naturalizar la violencia hacia las mujeres. Creo que todos debemos trabajar en la construcción de una sociedad más justa, no importa donde trabajemos”, cuenta Matías Martty, Director General Creativo de Isobar Argentina.

En ese sentido, en Fena trabajamos de manera colaborativa para potenciar mensajes libres de violencia de género. A través de alianzas con quienes crean los mensajes que aparecen en todas las pantallas plantean nuevos paradigmas de comunicación y construcción cultural. Es necesario generar este tipo de campañas para poner las violencias menos visibles al descubierto y sumarnos a quienes tienen las herramientas para que tengan alcance y resonancia.

Mira el video de lanzamiento de la campaña:

#violenciasimbolica #violenciaenlamusica #violenciadegénero #campañas

La piel que admito

La piel que admito

La piel que admito

por Alejandra Rovira Ruiz*

La ley “Anti Photoshop” establece que toda publicidad donde aparezca una figura humana post producida digitalmente tiene que exhibir: “Esta imagen ha sido retocada y/o modificada digitalmente”. ¿Alguien se acuerda de haberlo visto? ¿Alguien lee realmente el mensaje? ¿O los cuerpos artificiales se llevaron toda nuestra atención?

Fueron muchos años retocando pieles, sacando texturas, marcas, manchas y vida a los cuerpos de las mujeres, un trabajo que muchas veces tuvimos que hacer o dirigir l@s fotograf@s, director@s de arte o retocador@s. Un trabajo para publicar en alguna revista de alta tirada que mirarían un montón de chicas sin saber que esas pieles nunca existieron.

Entre el batallón de imágenes, más o menos representativas de nuestras realidades (usualmente menos que más), aparece algo en común: la textura de la piel es homogénea, tersa, sedosa, brillante. Es hábito retocar clonando poro por poro, uno al lado del otro, o desenfocarlos eliminando todo tipo de textura de la piel, anulándola. Pieles que no respiran ni dejan respirar. Pieles que se diseñan porque ¿quién quiere ver acné, cicatrices, manchas de nacimiento en carteles de publicidad o en imágenes con llegada masiva?

El cuerpo de la mujer y el tratamiento de su imagen en post producción es el más radical, la representación de esa corporalidad queda especialmente disociada de nuestra realidad, lo que nos deja confundidas y excluidas. Desde distintos medios se instala la idea de la belleza como símbolo de perfección, lo que no queda tan visible es que ésto implica muchas horas de trabajo frente a un programa de post producción y un uso excesivo de estas tecnologías. Se construyen nuevas pieles que se posicionan en nombre de la belleza y su mercantilización para vender desde cremas hasta aspiradoras.

Tenemos entonces a disposición herramientas para construir imágenes aspiracionales, que sostienen cierta estructura en los modelos establecidos de belleza. La pregunta es ¿Cómo se construyen los deseos de las personas bajo el alto consumo de estas imágenes? ¿Cómo inciden en sus singularidades?

Es difícil determinar por dónde empezar para abordar la problemática y sus posibles consecuencias. Siendo optimistas, luchamos para que paulatinamente se reconozca la sobre-estetización de las mujeres (y productos) en las campañas, las publicidades, y en la industria de la moda, pero es un trabajo estéril hasta que los medios, comunicadores, y las marcas se hagan cargo de un problema que ellos mismos van generando. En paralelo, l@s artistas y fotógraf@s deberíamos repensar el plano de lo simbólico ¿Qué mostramos? ¿Qué contamos? ¿Para quiénes trabajamos? ¿Cómo nos posicionamos frente a l@s clientes? Sin desconocer que desarmar un problema estructural que caló (y cala) hondo en la construcción de las subjetividades de las mujeres y de la sociedad en general parece ser un desafío muchísimo más complejo.

“Es entonces como las mujeres deben tener movilidades “apropiadas, comportamientos “apropiados”, ropas “apropiadas” (…) reproductoras biológicas de la nación o de las culturas particulares” dice Ochy Curiel en “El estado-nación multi y pluricultural”. Si bien su análisis apunta a una circunstancia distinta, queda resonando la idea de la “propiedad” y su transversalidad en las culturas y momentos de la historia, teniendo en cuenta lo estructural de las violencias y la inequidad de género. A las mujeres se nos invita a ser apropiadas, a ser propiedad de otr@ (casi siempre otro): se hace una apropiación de la imagen de la mujer, la roban, la borran, la modifican para que sea conveniente, para que encaje en una matriz patriarcal y capitalista que persigue fines específicos pero con altos costos emocionales, psíquicos y físicos para mujeres y feminidades.

En FENA revisamos prácticas con una mirada crítica y con perspectiva de género para contribuir en la eliminación de la violencia hacia mujeres y comunidad LGBTIQ+ abordandolo desde lo simbólico y planteando un cambio de paradigma. Uno de nuestros ejes son las producciones en las que fotograf@s, artistas, y productor@s nos reinventamos. Elaboramos contenido crítico visual y audiovisual, y resignificamos los modos de trabajo en una industria que habitualmente tiene que hacer lo contrario. Sabemos que “hacer visible” en esta sociedad es volver posibles cuerpos e identidades que históricamente fueron expulsados por un sistema que norma y que a su vez forma sentido común.

Fue por esto que decidimos hacer esta campaña y convocar a mujeres que quisieran fotografiar su piel sin maquillaje y sin retoques, mostrar sus marcas como expresiones fisiológicas y no como un error. Durante la producción se hablo de todo ésto, de la relación del adentro con el afuera, de su significado, de experiencias personales y porqué estar ahí, reivindicando nuestras pieles: pieles que vivieron, se lastimaron, se sanaron y siempre, SIEMPRE, respiran.

Mirá nuestra producción fotográfica sobre pieles acá: Pieles

*Alejandra es fotógrafa y directora de arte. Trabajó durante muchos años dentro del mundo publicitario y es Fundadora y Directora Ejecutiva de FENA.

Talleres de alfabetización e inclusión digital

Talleres de alfabetización e inclusión digital

Si se cae la conexión, se cae mucho más: Inclusión Digital

El año pasado mantenernos conectadas fue muy difícil. “Desde siempre” trabajamos desarrollando canales e instancias para una comunicación con perspectiva de género, y facilitando redes de apoyo a personas en situaciones de vulnerabilidad. Mantener esas redes en medio de la pandemia fue una reconfiguración del hacer y ese proceso evidenció la brecha digital que nos atravesaba en tanto falta de disponibilidad de dispositivos, conectividad y conocimiento digital.

Ñande Kuera Haitema (@ahoranosotrxs) fue el proyecto que más sintió el impacto pero como nuestra misión es propositiva y de construcción pudimos pasar a la acción. Nuestro taller semanal pasó a modalidad virtual y rediseñamos la manera de vincularnos: nos enseñamos a usar las videollamadas, usamos las videollamadas para aprender a hacer trámites online, a sacar permisos de circulación, a conseguir barbijos, a pensar estrategias para problemas que nunca habíamos tenido.

Ahora, gracias a la Convocatoria Apoyo a Redes 2020: COVID-19 y Redes Culturales Comunitarias de IberCultura Viva, lanzamos nuestro proyecto de inclusión digital a través del cual las mujeres del colectivo Ñande Kuera Haitema obtendrán herramientas, formación y acompañamiento para asegurar el acceso y el uso de los canales digitales.

El tenernos es una necesidad y una urgencia. El estar conectadas es nuestro derecho.

¡Pronto más novedades!

#ñandeKueraHaitema #Ahoranosotrxs #SomosFena #BarrioMugica
#Villa31BIS #inclusiondigital

Donación de barbijos

Donación de barbijos

Estar cerca cuando no podemos acercarnos: Donación de tapabocas

Hay una pregunta que no podemos sacarnos de la cabeza: ¿cómo hacemos para estar presentes si no podemos acercarnos?

Desde 2013, la iniciativa Ñande Kuera Haitema (@ahoranosotrxs) es la  constante en nuestro trabajo: todas las semanas desarrollamos los talleres de expresión corporal y artística y nos encontramos con las mujeres del Barrio Mugica (o villa 31 BIS).

Hasta 2020.

Desde que empezó el aislamiento obligatorio nuestros encuentros se interrumpieron y desde ese mismo momento estamos trabajando con las mujeres de Ñande para encontrar nuevas maneras de vincularnos.

Afortunadamente las redes feministas nos sostienen y tenemos aliades que nos ayudan a estar cuando cambian las necesidades y las posibilidades.

La semana pasada recibimos donaciones de 1500 tapabocas que se están repartiendo desde el 6 y hasta el 10 julio en el barrio.
Usando como centro de distribución el Comedor San Nicolás, las mujeres de Ñande están coordinando las entregas con otres referentes del barrio de manera que se distribuyan en los distintos sectores de la Villa 31 BIS pero limitando la exposición y circulación.

1000 de esos tapabocas fueron una donación de LULEÅ mindful una empresa B, dedicada a la indumentaria para yoga; y los 500 restantes fueron donaciones individuales.

Mientras seguimos buscando la respuestas para que estar aisladas no signifique estar solas, estas acciones nos permiten sostener el trabajo hecho y seguir sumándole valor a este espacio que, ahora que dejó de ser físico, es más necesario que nunca.

¡Gracias por ayudarnos a sostener FENA!

#ñandeKueraHaitema #Ahoranosotrxs #SomosFena #BarrioMugica
#Villa31BIS

Cuerpos en cuarentena

Cuerpos en cuarentena

Cuerpos en cuarentena

Entrevista a Lux Moreno – Activista Gordx, Escritora y Profesora de Filosofía.

La situación de encierro por la pandemia intensificó las demandas sobre el cuerpo, pero, sobre todo, demandas en tensión para un mismo cuerpo: “Producí pero descansá”, “Distraerte pero formate”, “Cociná pero no engordes”. ¿Qué pensas de esto y de los mensajes que se difunden en los medios para instalar y reforzar esas demandas? 

Pienso que en esto que ustedes llaman “demandas” hay un reforzamiento de las formas de producción capitalista que se centran, básicamente en valorizar el cuerpo: La idea de que un cuerpo tiene que ser hiper productivo. Ahora, lo que sucede es que tiene que cumplir en un doble sentido: tiene que consumir pero también tiene que cumplir con las normas sociales. Es un cuerpo que tiene que hacer 50 panes pero a la vez tiene que estar en forma. Este fenómeno que parece nuevo y particular de la cuarentena, es un reforzamiento de los modos de producir sujetos del sistema de consumo. No es algo nuevo sino que la contradicción es más evidente.

¿Crees que en confinamiento y con la pandemia “afuera”, el gordo-odio se recrudece?

Creo que el confinamiento y la vigilancia sobre un virus que puede afectar a personas de determinado rango etario o con ciertos antecedentes médicos han generado un reforzamiento de algunos mandatos sociales que estuvieron siempre dando vueltas. No de todos, porque se hace especial hincapié en los mandatos que tienen que ver con la corporalidad. Hay un reforzamiento en el cuidado de tu cuerpo en el sentido del peso corporal, como si lo saludable sólo fuera medible en ese peso corporal y en las actividades que vos realizás.

Se sigue instalando la idea del cuerpo gordo como una amenaza. Circularon una gran cantidad de memes y chistes sobre el “engordar” como lo peor que puede pasarte. ¿Por qué crees que aún en medio de una pandemia se sigue instalando a la gordura como el enemigo?

No creo que la gordura se haya instalado como enemigo durante la cuarentena sino que es una violencia que se venía dando -y se venía dando en escalas muy fuertes- y que adicionalmente se recrudeció en este periodo.

La gordura aparece como un enemigo desde 1995 cuando empezaron las primeras políticas internacionales en contra de la gordura. La gordura ya era un enemigo público. Lxs gordxs son enemigos públicos porque demuestran que el capitalismo no puede optimizar TODOS los cuerpos. Y ante eso, como estos cuerpos no se pueden tapar, no se pueden eliminar por arte de magia, se los convierte en aquello que se señala, que se repudia y a partir de ese señalamiento se reproducen las normas para todos los otros cuerpos. Esto es lo que hacen los chistes y los memes que están circulando sobre gordofobia específicamente: reforzar las normas y las jerarquías sociales sobre los cuerpos. 

Lo más preocupante es que hoy, incluso dentro de los feminismos, sigue pasando que pedimos por los cuerpos de las mujeres e identidades no binarias pero no por los cuerpos de lxs gordxs. Esa jerarquía de los cuerpos se sigue repitiendo en todos lados. Me parece que repensar el cuerpo aparece en el 2020 como una forma necesaria para poder pensar la inclusión.

Al cambiar -o desaparecer- las interacciones sociales, ¿Qué pasa con nuestros cuerpos? ¿Cómo es que siguen operando mandatos sobre si estamos vestidas “bien o mal”, la depilación, cómo tenemos el pelo? 

Yo creo que hay algo muy interesante: pensar que la norma está afuera es un error. El mandato no está afuera, no me siento mal cuando voy al supermercado, sino que la norma se juega adentro y en las redes sociales, en aquello que yo comparto sobre  “mi vida dentro en la cuarentena”. Somos todos policías de los cuerpos. 

Está también la idea de “nueva normalidad”, que se está usando tanto, que es un gran problema. No porque sea -o no- normal o porque sea -o no- nuevo, sino porque ¿qué es lo normal? ¿Cómo definimos qué es normal y, más aún, en cuarentena?

Se está instalando una especie de “normalidad” de la vida en cuarentena que dá por dados una serie de privilegios como el espacio físico, la privacidad, hasta los dispositivos tecnológicos. 

Se dan ciertas “obligaciones” que son elitistas porque presuponen que tenés un espacio para hacer ejercicio, o la privacidad para poder tener una videollamada, o la conexión a Internet para sostenerla. Alguien que está en un barrio vulnerado y no puede quedarse dentro de su casa, o alguien que vive en una habitación en la que no se cumplen las normas del aislamiento obligatorio, lo va a vivir necesariamente distinto. Su “normalidad” es otra. 

Yo podría decir que todos vivimos de la misma manera la cuarentena y que hay gente a la que le ha resultado muy funcional, pero hay otras personas para las que es un proceso traumático, que genera ansiedad, que genera situaciones de angustia. 

Sobre las “obligaciones” que se crean en este contexto, y sobre cómo las demandas sobre los cuerpos siguen pesando, ¿qué pasa con las exigencias de la imagen como “verse bien en la videollamada” o en las stories, las selfies, etc?

Respecto a la imagen me parece interesante retomar esta idea: ¿Qué es la imagen?  o ¿Qué busca representar esa imagen? ¿Qué nos pasa en la “espectacularización” del cuerpo por medio de las videollamadas? Algo sucede que hace que, de alguna manera, dejemos nuestra corporalidad y la pensemos netamente como una imagen. 

Yo creo que no es que estamos más conscientes de nuestra imagen sino que estamos más conscientes de que esa imagen es un objeto de consumo y que tiene cierto valor. Cuando nuestro cuerpo es sólo algo que se ve quedamos de frente al mismísimo dispositivo de la espectacularización.

¿Cómo hacemos para aceptar nuestros cuerpos sin sentirnos interpeladas por estos mensajes? ¿Qué herramientas tenemos especialmente cuando estamos aisladas?

La pandemia nos expone a  un suceso de aislamiento particular. Es traumático en un sentido muy fuerte porque estamos frente a la posibilidad de que el sistema de salud -tal como lo conocemos-, colapse y no pueda dar respuesta a las demandas de la población. Pero al mismo tiempo, estamos ante un cambio en las rutinas, lo que antes mencionamos como un cambio en la “normalidad”.

De repente cambia la relación física con los otros y hay un nuevo juego de distancias que necesariamente nos pone ante una situación angustiante. Ante el reforzamiento de los mandatos sociales sobre el cuerpo  respondemos cómo podemos. 

No sabemos qué va a aparecer ahora como “nueva norma”. Entonces hay un reforzamiento de los dispositivos de control. Básicamente, una se agarra mas o menos de donde puede. Es decir, nos sentimos interpeladas por esas normas que son las conocidas, por más complejas y discriminatorias que sean. 

Ahí nos damos cuenta como activistas o como personas en proceso de deconstrucción, que quizás no podemos responder a todas las demandas y que está bien, hay algo del malestar que me parece que no es tan fácilmente tramitable en estos momentos y no hay estrategias claras sobre cómo tramitar esto.

Me parece importante sí seguir los consejos que dio el ministerio de salud en relación a la salud mental. Es super importante mantener las rutinas en la medida de lo posible, tratar de pensar que esto es transitorio, entre otras cosas.

Sinceramente creo que lo único que podemos es mantener  el apoyo en de las redes afectivas que tenemos como nuestra familia o con nuestros amigos mediante la virtualidad. En las redes sociales tampoco hay sólo violencia sino que también proliferaron muchos mensajes bastante esperanzadores sobre poder pensar algo distinto de eso poder disentir sobre los mandatos y estereotipos. Hay otros repertorios y sobre todo está la capacidad de disentir.

Muchas gracias por tus reflexiones. ¿Dónde podes leerte o escucharte? 

Me pueden leer en mi libro o en las publicaciones que hago en mi Instagram (@reinamiel). Me pueden escuchar en diferentes formatos: hay un montón de radio cut dónde estoy dando entrevistas y demás, y también estoy dando talleres de activismo gordx que son para cualquier persona y sin conocimientos previos sobre la temática. Es una experiencia muy linda. Lo estamos haciendo de manera virtual ahora y la verdad que a mí me encanta.

Y también no se me pone encontrar en casa Mora Talleres en Facebook o como Lux Moreno también en Facebook.

Lo esencial

Lo esencial

Lo esencial

por Ornela Borrello

Las crisis tienen la característica de cambiar las prioridades: lo que era urgente pasa a segundo plano, lo que nos movía se paraliza, y lo importante pasa a ser esencial.  La pandemia por Coronavirus evidenció que el trabajo de algunos y algunas es esencial para la supervivencia del resto. 

En las últimas semanas vimos como repartidores, empleades de comercio, y personal de la salud, entre otres trabajadores, ganaron en la lotería de la pandemia el título de “esenciales”.  Sustanciales, principales, y notables, sus trabajos se convirtieron en nuevos servicios imprescindibles para la comunidad. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de trabajos esenciales? ¿Son esenciales los trabajos o les trabajadores? ¿Que sean esenciales significa que no pueden dejar de hacerse sin importar las condiciones?    

Vivir sin ti no puedo

La romantización es una forma de violencia indirecta, interiorizada y naturalizada que le da sentido a la explotación u opresión. Romantizar consiste en tomar un evento, un suceso o hecho social y convertirlo en algo épico, enaltecerlo, sacarlo del plano de lo real para hacerlo suceder en la trascendencia. Detrás de cualquier narrativa siempre hay una forma de entender el mundo, y detrás del relato del “trabajo esencial” podemos encontrar un sistema que favorece la precariedad y explotación.

Romantizar el sacrificio, el  trabajar en peligro, y la excepcionalidad deshumaniza a les trabajadores para convertirles en individuos extraordinarios que están para salvarnos, para servirnos de manera inevitable e incondicional. Sin embargo, mientras los heroes y heroinas no piden nada a cambio de su entrega, los trabajadores y trabajadoras tienen necesidades muy concretas y derechos que no pueden ser vulnerados por muy heroica que creamos que sea su tarea.

Entonces, ¿por qué romantizar? Se romantiza para justificar los malos tratos, para convertir un sistema explotador en el escenario adverso de una travesía heroica, para normalizar el sacrificio y mostrarlo como inevitable. Se romantiza para disfrazar una precariedad estructural que nunca fue normal pero tampoco extraordinaria.

Las mismas empresas que no reconocen a sus repartidores como empleades, ni les dan los elementos básicos de trabajo, nos dicen que el suyo es un servicio social y nos piden que lo reconozcamos con agradecimiento y propinas. Los espacios políticos que estando en el poder le quitaron el estatus de profesionales de la salud a enfermeras y enfermeros nos invitan a aplaudirles en los balcones y a entonar el himno es su honor. Los empleadores que mantienen en la informalidad a sus empleades agradecen “la garra” mientras recortan sus ingresos por fuera de la ley. 

El lugar central que ocupan les trabajadores “esenciales” en la cuarentena, lejos de redundar en su beneficio -en aumentos de salario, en mejores condiciones de trabajo, o una mejor posición para negociar-, termina usándose en su contra, de manera extorsiva, para exigirles aún más, dándoles menos. Si el trabajo es invaluable no hay recompensa de valor equivalente posible y pareciera que si el aporte es esencial, la retribución también puede ser invisible a los ojos. 

Eso que desde hace rato llaman amor

La romantización de la explotación no es una excepción ni un síntoma de la pandemia. Lo saben bien las trabajadoras domésticas, las cuidadoras, las docentes, las periodistas, las que ejercen su vocación, y las que por dedicarse a algo que han elegido sienten que no tienen la posibilidad de demandar. 

Lo que trae esta nueva crisis es la dificultad para actuar colectivamente en un contexto que nos llama a aislarnos, y para exigir lo propio sin quitarle al colectivo.  ¿Cómo nos fortalecemos y empoderamos si no podemos juntarnos? ¿Cómo levantamos la voz y reclamamos cuando el llamado es a darlo todo, a sacrificar lo individual en pos de lo comunitario? ¿Cómo traducimos los aplausos de las 9 y los carteles de los balcones en acción conjunta que mejore las condiciones de quienes consideramos esenciales?

A la tarea ya titática y cotidiana de hacer visible lo invisible se sumará el desafío de pensar nuevas formas de resistencia común en espacios que se acotan y que son cada vez más individuales. 

Creo que es martes

Creo que es martes

Creo que es martes

Ensayo por Paola Tamarit

Tengo que despertar a la nena que se acostó tardísimo porque todos los horarios están corridos pero lo mejor es tener una rutina dicen los profesionales de la tele ¿Tendrán hijos? Es casi imposible.

Así y todo, empiezo a despertar a mi hija. Tipo nueve y media logro que se levante y desayune. Es el límite porque a las 10 tiene el primer zoom del día. Primero tiene clase de Matemáticas y a la tarde le toca Inglés. Todavía le falta leer el cuento de inglés.

El zoom es otro tema. Hay que tenerla clara con el zoom y Classroom y yo ni idea. Después de haberla metido en reuniones equivocadas varias veces aprendí a hacerla entrar, descubrí cómo abrir la tarea, hacerla y que le llegue al docente. Cuando me equivoco a la niña le da vergüenza, se enoja, se frustra y me la tengo que bancar con cara de culo lo que reste de la sesión, de la tarde o, en el peor de los casos, lo que reste del día.

Hasta ahora sólo un día no tuvimos internet pero prefiero ni acordarme de ese día.

Empieza el “Tengo hambre, ma” y sé que llegó el mediodía. ¿Qué hago? Cocino algo mientras escucho cómo lee el cuento en inglés para el zoom de la tarde.

El perro hizo caca en el patio. Mi marido no lo vio al volver de hacer las compras y pisó la caca. La pisó y la desparramó por toda la casa. Lo limpia pero queda olor. Le pasa lavandina pero queda olor. La nena exclama “¡Qué olor, mamá!” como pidiéndome que lo resuelva pero yo estoy con la comida.

Almorzamos. Disfruto que estemos les tres a la hora del almuerzo. ¿Tendremos muchos más almuerzos así? ¿Cuándo se terminen los voy a extrañar? ¿Y si no terminan? Mientras la hija levanta los platos, el padre empieza a lavarlos. Aprovecho a chusmear el WhatsApp y encuentro 4 chats de trabajo.

Si me pongo ahora tengo 3 horas para laburar hasta que la nena vuelva a necesitar la compu para el zoom. No me puedo concentrar, de fondo chequeo que siga leyendo el cuento. Contesto un par de mails, hago 2 llamados, hago una lista de las cosas que quizás pueda resolver a la noche. ¿Qué hora es?

EL ZOOM. Ya estamos entrando tarde. No leyó el cuento entero ¿Cómo puede ser si está desde las 11 leyendo el cuento? Abrimos el zoom. Ella llora porque no “terminamos” el cuento. Me quedo con ella y en cuanto me relajo un poco me doy cuenta de lo mucho que me duele el cuerpo. Capaz hoy puedo hacer yoga.

Mi mamá me llama por videollamada de WhatsApp. Quiere verme, quiere charlar. Yo también quiero y le dedico todo el tiempo que puedo. Aprovecho que al zoom le queda un rato largo. ¿Cómo que ya terminó el zoom? “Si, mamá, y tengo tarea que no entiendo.” Miro las consignas mientras le sirvo una merienda que la haga tirar hasta la cena. No entiendo nada, yo no sé inglés.

La mando a bañarse. Ya se baña sola pero siempre necesita algo: el agua está muy caliente, el pelo largo se le enredó, se le metió shampoo en el ojo, salió toda mojada y no encontró la toalla.

Son las ocho y media. ¿Qué cenamos? Lo miro a mi compañero y me pregunta si cocina él. Le agradezco. ¿El me agradece cuando cocino yo? No importa, ya le agradecí y aprovecho para hacer yoga.

Cenamos, caigo en el sillón y pienso que todavía no hice la DDJJ y no pude ver cómo mierda se crea reunión en zoom. Me dan ganas de ponerme a ver una película, pero sé que me voy a quedar dormida. Será mañana.

Acuesto a mi hija, le leo, le prometo que mañana la ayudo con inglés y ya vamos a entender. En algún momento se duerme.

Querría salir con mi compañero, caminar por el río, deambular. Salimos al patio y fumamos. Charlamos y nos reímos un rato.

Un día más.

Nosotras, ¿paramos?

Nosotras, ¿paramos?

Nosotras, ¿paramos?

Por Eugenia Lasarte

En el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se realizan históricamente actividades de diverso tipo de visibilización de las problemáticas y desigualdades basadas en el género que expresa el sistema patriarcal y que oprime a millones de mujeres (y disidencias sexuales) alrededor del mundo. Desde hace algunos años, esta necesidad de dar cuenta la transversalidad de las cuestiones de género se transformó en una medida de lucha conocida como Paro Internacional de Mujeres, que se embanderó -entre otros conceptos- detrás de la idea “Nosotras movemos el mundo, nosotras lo paramos”.

La carga simbólica que trae aparejada esta idea del paro es de suma importancia, ya que evidencia, por un lado, la invisibilización socio-histórica de las mujeres e identidades femeneizadas (y su correlato: la subordinación en los diversos ámbitos de la vida cotidiana) y, por otro, el peso del movimiento feminista como actor socio-político fundamental. Sumado a esto, el paro de mujeres tiene, además, una carga material: la desigualdad en el ámbito laboral genera que, por ejemplo, la tasa de desocupación varía en más de 2 puntos porcentuales entre varones y mujeres del mismo grupo etario (30 a 64 años). Entre otros datos, la distribución de las tareas del hogar representa una desigualdad tan importante que el 75% las realizan mujeres (datos Encuesta Permanente de Hogares). Existen infinidad de datos cuantitativos que ilustran cómo opera el patriarcado en la vida cotidiana de las mujeres. Pero también existen trayectorias de vida que rescatar, porque en la particularidad de cada una, debemos encontrar la riqueza colectiva. Por las historias de las unas, son las de las otras.

En esta línea, construyendo poder popular, horizontal, con vínculos sororos, siento – en este día, y cada día- que hay de doblegar esfuerzos y ampliar la mirada por las compañeras que hoy no pueden ejercer un derecho tan propio, pero a la vez colectivo como el de realizar un paro: mujeres en situación de precariedad laboral, de violencia institucional y laboral, mujeres que sostienen el hogar sin que nadie haya reparado en sus deseos, en sus luchas, en sus dolores.

Si existiese alguna duda sobre la medida de fuerza, hoy nos empuja ser las cuerpas de aquellas que incluso con la visibilización que han conseguido los feminismos, siguen siendo explotadas en cada intersticio de su vida.

“Quien no se mueve, no siente sus cadenas”, esta idea de Rosa de Luxemburgo es tan potente que se reinventa en tiempos donde a muchas se nos están cayendo los velos de los vínculos de todo tipo. Este movimiento de liberación, o de explicitación de las opresiones, por supuesto que genera dolor, incomodidad, incertidumbre. Tenemos un sin número de cadenas alrededor de nuestras cuerpas, algunas más que otras. Este 8 de Marzo y cada día de militancia que llevamos adelantes, abracemos esas cuerpas compañeras. Para que el dolor no sea terror y para que sigan cayendo los velos.