Hits que duelen

Hits que duelen

Hits que duelen

En el marco del 8M, en FENA lanzamos junto con Isobar “Hits que duelen”, una campaña que pone en evidencia la violencia machista en la música y el foco sobre las voces que escuchamos y amplificamos.

“La violencia machista se filtra en la música y no es casualidad. Un hit no es un golpe de suerte, como pareciera que sucede, se construye. Hay muchas decisiones detrás de crear y reproducir ciertos mensajes. Las canciones son expresiones culturales que construyen sentidos e impactan en nuestros procesos emocionales y subjetivos, en los roles que cumplimos y en las formas de vincularnos.” explica Alejandra Rovira Ruiz, nuestra Directora Ejecutiva.

Al relacionar las letras de canciones con casos de violencia machista, la campaña demuestra cómo las composiciones comparten mucho con la realidad de la violencia de género. 

“Hay canciones que cantamos sin pensar en lo que dicen y en la violencia de sus palabras. Este tipo de mensajes que forman parte de nuestra cultura no hacen más que naturalizar la violencia hacia las mujeres. Creo que todos debemos trabajar en la construcción de una sociedad más justa, no importa donde trabajemos”, cuenta Matías Martty, Director General Creativo de Isobar Argentina.

En ese sentido, en Fena trabajamos de manera colaborativa para potenciar mensajes libres de violencia de género. A través de alianzas con quienes crean los mensajes que aparecen en todas las pantallas plantean nuevos paradigmas de comunicación y construcción cultural. Es necesario generar este tipo de campañas para poner las violencias menos visibles al descubierto y sumarnos a quienes tienen las herramientas para que tengan alcance y resonancia.

Mira el video de lanzamiento de la campaña:

#violenciasimbolica #violenciaenlamusica #violenciadegénero #campañas

La piel que admito

La piel que admito

La piel que admito

por Alejandra Rovira Ruiz*

La ley “Anti Photoshop” establece que toda publicidad donde aparezca una figura humana post producida digitalmente tiene que exhibir: “Esta imagen ha sido retocada y/o modificada digitalmente”. ¿Alguien se acuerda de haberlo visto? ¿Alguien lee realmente el mensaje? ¿O los cuerpos artificiales se llevaron toda nuestra atención?

Fueron muchos años retocando pieles, sacando texturas, marcas, manchas y vida a los cuerpos de las mujeres, un trabajo que muchas veces tuvimos que hacer o dirigir l@s fotograf@s, director@s de arte o retocador@s. Un trabajo para publicar en alguna revista de alta tirada que mirarían un montón de chicas sin saber que esas pieles nunca existieron.

Entre el batallón de imágenes, más o menos representativas de nuestras realidades (usualmente menos que más), aparece algo en común: la textura de la piel es homogénea, tersa, sedosa, brillante. Es hábito retocar clonando poro por poro, uno al lado del otro, o desenfocarlos eliminando todo tipo de textura de la piel, anulándola. Pieles que no respiran ni dejan respirar. Pieles que se diseñan porque ¿quién quiere ver acné, cicatrices, manchas de nacimiento en carteles de publicidad o en imágenes con llegada masiva?

El cuerpo de la mujer y el tratamiento de su imagen en post producción es el más radical, la representación de esa corporalidad queda especialmente disociada de nuestra realidad, lo que nos deja confundidas y excluidas. Desde distintos medios se instala la idea de la belleza como símbolo de perfección, lo que no queda tan visible es que ésto implica muchas horas de trabajo frente a un programa de post producción y un uso excesivo de estas tecnologías. Se construyen nuevas pieles que se posicionan en nombre de la belleza y su mercantilización para vender desde cremas hasta aspiradoras.

Tenemos entonces a disposición herramientas para construir imágenes aspiracionales, que sostienen cierta estructura en los modelos establecidos de belleza. La pregunta es ¿Cómo se construyen los deseos de las personas bajo el alto consumo de estas imágenes? ¿Cómo inciden en sus singularidades?

Es difícil determinar por dónde empezar para abordar la problemática y sus posibles consecuencias. Siendo optimistas, luchamos para que paulatinamente se reconozca la sobre-estetización de las mujeres (y productos) en las campañas, las publicidades, y en la industria de la moda, pero es un trabajo estéril hasta que los medios, comunicadores, y las marcas se hagan cargo de un problema que ellos mismos van generando. En paralelo, l@s artistas y fotógraf@s deberíamos repensar el plano de lo simbólico ¿Qué mostramos? ¿Qué contamos? ¿Para quiénes trabajamos? ¿Cómo nos posicionamos frente a l@s clientes? Sin desconocer que desarmar un problema estructural que caló (y cala) hondo en la construcción de las subjetividades de las mujeres y de la sociedad en general parece ser un desafío muchísimo más complejo.

“Es entonces como las mujeres deben tener movilidades “apropiadas, comportamientos “apropiados”, ropas “apropiadas” (…) reproductoras biológicas de la nación o de las culturas particulares” dice Ochy Curiel en “El estado-nación multi y pluricultural”. Si bien su análisis apunta a una circunstancia distinta, queda resonando la idea de la “propiedad” y su transversalidad en las culturas y momentos de la historia, teniendo en cuenta lo estructural de las violencias y la inequidad de género. A las mujeres se nos invita a ser apropiadas, a ser propiedad de otr@ (casi siempre otro): se hace una apropiación de la imagen de la mujer, la roban, la borran, la modifican para que sea conveniente, para que encaje en una matriz patriarcal y capitalista que persigue fines específicos pero con altos costos emocionales, psíquicos y físicos para mujeres y feminidades.

En FENA revisamos prácticas con una mirada crítica y con perspectiva de género para contribuir en la eliminación de la violencia hacia mujeres y comunidad LGBTIQ+ abordandolo desde lo simbólico y planteando un cambio de paradigma. Uno de nuestros ejes son las producciones en las que fotograf@s, artistas, y productor@s nos reinventamos. Elaboramos contenido crítico visual y audiovisual, y resignificamos los modos de trabajo en una industria que habitualmente tiene que hacer lo contrario. Sabemos que “hacer visible” en esta sociedad es volver posibles cuerpos e identidades que históricamente fueron expulsados por un sistema que norma y que a su vez forma sentido común.

Fue por esto que decidimos hacer esta campaña y convocar a mujeres que quisieran fotografiar su piel sin maquillaje y sin retoques, mostrar sus marcas como expresiones fisiológicas y no como un error. Durante la producción se hablo de todo ésto, de la relación del adentro con el afuera, de su significado, de experiencias personales y porqué estar ahí, reivindicando nuestras pieles: pieles que vivieron, se lastimaron, se sanaron y siempre, SIEMPRE, respiran.

Mirá nuestra producción fotográfica sobre pieles acá: Pieles

*Alejandra es fotógrafa y directora de arte. Trabajó durante muchos años dentro del mundo publicitario y es Fundadora y Directora Ejecutiva de FENA.